No puedo empezar este post, sin decir que estoy cada segundo más y más enamorada de Batusi, su llegada a nuestras vidas ha sido un regalo, nos encandila y se nos cae la baba con cada movimiento, mirada o nuevo gesto que hace. Estamos teniendo (toco madera…), una suerte tremenda con esta niña, y es que duerme como un lirón, hasta tal punto que aveces nos toca despertarla, tanto por la noche como por el día para amamantarla, aguanta la tía perfectamente unas tres horas y media seguiditas sin pedir, (en el hospital me dijeron tope máximo sin que coma, 4 horas), eso si, cuando tiene hambre, ya sea cada dos horas, o una, o veinte minutos, pide a lloros y a gritos «¡¡quiero tetaaaaaaa!!, ¿¿¡¡donde está mi vaquita lecheraaaaaaaa??!!», y que pulmones que nos ha sacado Batusi oye…

Lo cierto es, que al principio del embarazo no era mi intención darle el pecho, pensé en darle biberón, pero conforme fui avanzando en el embarazo, leyendo en revistas, informándome, hablando con profesionales, (matrona, pediatra…), fui cambiando de opinión, y decidí intentarlo con la lactancia materna exclusiva, (digo intentarlo por que no todas las mamis pueden dar pecho por H o por B), por los miles de beneficios que tiene, y ahora que llevo una semana amamantando a Batusi, pienso que es de las cosas más bonitas y maravillosas que puede hacer una mujer, alimentar a tu retoño de ti misma.

No estaba muy por la labor de amamantar más por desconocimiento que por otra cosa, por eso de tener que sacarte la mandinga en cualquier sitio que el bebé pidiera, lo «sacrificado» que es, en el sentido que depende de ti como mucho, cada tres o cuatro horas, mientras que con el bibe ya sabéis, puede darle la toma el papi, la mami, las abuelas…
Y la incertidumbre que te crea el saber si esta o no bien alimentada, si habrá tomado lo suficiente, ya que con la lactancia materna no se sabe la cantidad que toma el bebé, pero como muchas cosas en esta vida, «donde dije digo digo Diego», y ahora no lo cambiaría por nada, estoy encantadísima con la lactancia materna en exclusiva, también diré, que he tenido la inmensa suerte de tener una fábrica de leche, (eso me dice la pediatra y las enfermeras, alucino de mi misma cuando veo que me chorrean, literalmente, los pechos, no se que sería de mi, sin los discos absorbentes de Suavinex), que por este motivo Batusi se queda más que satisfecha, aguantando tres horas o tres horas y media sin reclamar.
Ahora ya no veo de la misma manera el sacarse un pecho aquí o allá para dar de mamar, veo a una madre que esta dando de comer a su hij@, algo único, bonito, y natural como la vida misma, y después de una de mis primeras experiencias con esto de ser madre, sólo tengo que decir que no se me ocurrirá jamás, juzgar nada relacionado con la maternidad, ha quedado más que claro que para muestra un botón, y en esto, como en otras miles de cosas en la vida, hay que estar en la piel de cada uno para saber como se va a actuar.
Sean las dos, las cuatro o las seis de la madrugada, me sale una sonrisa cuando mi pequeñusa se me engancha al pecho, miro hacia abajo y la veo ahí, comiendo de mi, y me encandila más si cabe, solo nos queda quitarnos las pezoneras, ya que de momento no se engancha sin ellas, voy poco a poco y con truquillos, cuando lleva unos minutos mamando y ya ha sacado lo suficiente el pezón, le quito la pezonera y así es como se engancha a mi pecho, siguiente objetivo: Que se enganche directamente sin ellas, os iré informando…

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