Y aún creo que la palabra mágicos se queda un poco corta para lo que en realidad son.

Estos días de fallas, que son las primeras que no he disfrutado ni visitado, y es que un virus me ha tenido convaleciente en la cama, y por si no fuera suficiente con que fuera yo sola la que estuviera enferma, Batusi también lo ha estado, y claro, no he podido cuidarla al 100%, y aquí es donde PAPArracho y esos seres mágicos de los que hablaba, han hecho acto de presencia como ángeles guardianes, y se han encargado de la pequeña.

Estando en el sofá cual ermitaño, tapada con la manta hasta las orejas, veía a mis padres jugar con Batusi y se me caía la baba, mi madre en el suelo y Batusi tronchándose de la risa, pisándola como si de una alfombra se tratase, mi padre corriendo por el mini pasillo con la peque a caballito, de un lado a otro y vuelta otra vez, trayéndonos a casa tuppers y más tuppers como si no hubiera un mañana de caldito de puchero, para que no nos faltara de nada, lo dicho, mágicos.

Y si sólo fueran días puntuales, pero ¡que va!, esto es A DIARIO, el que mis padres vivan a 3 manzanas de nuestra casa facilita mucho la labor, ya os he contado en varios post, entre ellos este de la conciliación de la maternidad con PAPINGA, que mi padre es el cuida a Batusi de 8 a 14 que es mi horario en la tienda, no os podéis ni imaginar lo mucho que me cuesta que mi padre salga por la puerta de casa sin que Batusi coja una barraquera del 15, porque quiere seguir jugando a los indios y vaqueros por la casa con su iaio.

Por esos WS a las 10 de la noche preguntando si la peque ha tenido o no ha tenido fiebre, esas bolsas a reventar de ropa que le compran, esos ofrecimientos para quedarse con ella para que PAPArracho y yo hagamos de novios, esas papillas de pescado y carne que se patrocina mi madre y que inundan mi congelador, esos cuentos que trae mi padre para ir llenando la biblioteca de su habitación día si día no, esos recordatorios cada 5 minutos de si has o no has cogido pañales, esas preguntas tan de madre, que tu no las haces, pero tranquila, las harás…

Este post va dedicado a todos los abuelos, por esa relación tan mágica y especial que tienen con sus nietos, y que sólo entre ellos pueden entender, ese amor incondicional que se procesan, y que gracias a ellos, a sus historietas y batallitas, nuestros hijos son transportados a un mundo de fantasía y diversión, a esos abuelos que son capaces de bajarle la luna a su nieto si hiciese falta.

Os habréis dado cuenta de que estoy ñoña a más no poder, y termino el post con los ojos llorosos recordando a mi abuela, ese ser mágico, con la que me crié, y de la que me tuve que despedir a la fuerza con 9 años, la que me enseñó los valores de la vida, me enseñó el respeto y a valorar lo que realmente importa en la vida, la familia.

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